El proceso de validación del software requiere evaluar tanto el cumplimiento de los requerimientos funcionales (lo que el usuario espera que haga el sistema) como los aspectos técnicos que aseguran que el producto es robusto, eficiente y seguro. Según lo definido en el Material RAP – 2 (Diseño de Pruebas de Software, pág. 5), se destacan dos grandes categorías:

Pruebas Funcionales

Objetivo:
Validar que el software cumpla con los requerimientos definidos desde la perspectiva del usuario y que sus funcionalidades operen de manera correcta y coherente.

Aspectos Evaluados:

Comentarios Adicionales:
Estas pruebas simulan escenarios reales, permitiendo utilizar tanto datos válidos como inválidos para explorar cómo responde el sistema ante diferentes situaciones.

Pruebas No Funcionales

Objetivo:
Evaluar los atributos técnicos y de calidad “no funcional” que, aunque no se perciben directamente desde la interfaz, son fundamentales para el rendimiento y la estabilidad del software.

Aspectos Evaluados:

Ejemplos Prácticos:
Se llevan a cabo pruebas de estrés, rendimiento y carga para determinar cómo responde el sistema bajo condiciones de alta demanda. Esto incluye: